miércoles, 9 de diciembre de 2009

No la dejes ir

El tiempo media, salva. No solamente tenemos al concepto flotando entre nuestro acercamiento a las cosas y las cosas mismas, entre un campo y otro tenemos a ese no-ser llamado concepto, o idea, o inclusive palabra. El tiempo media: el tiempo es el más claro signo de ausencia. Entre el tiempo y la visita reciente que realicé a Las Violetas, notable bar de la calle Medrano/Rivadavia (estrictamente, el bar está en una esquina), hay tiempo, hay mediación, hay palabras. Iluminados por la reciente expectación de Bastardos sin gloria de Quentin Tarantino, la Mlle. Cutowski y quien les habla visitaron el legendario bar en busca del oro que muchos no osan tomar: una porción de Strudel de manzana, crema -de alguna manera-, café. La carta, limitada a lo que suele pedir todo pudiente consumidor de la zona que se digna visitar un espacio clásico (habría que revisar el tipo de público que asiste con regularidad: desencantados tipejos de clase media alta con cierta melancolía decimonónica que ya era melancólica en los ´50-´60, cuando se podía ir a "tomar un café", habría que revisar qué clase de tipo soy yo, que clase de perdido fragmento de otro siglo quiero jugar a ser, pero bueno...), nos presentaba como presa del día un café americano con crema y una porción de strudel, sin crema: por estos pagos no se estila tal cosa. El costo de cada café americano con crema era de $9, lo cual implicaba depositar más billetes de los esperados en el momento del pago. Por otro lado, la porción de strudel de $15/$16 era más que abundante, contundente, exquisita: la disfrutamos con placer y, luego, procedimos a guardar lo que sobró para comerlo en otro momento... Sí, así de grande era la porción.


Momentos sin celular: la foto es cortesía/robo al diario Perfil.

El lugar es maravilloso: entrar implica realmente transportarse a otro momento, y realmente la opción del café fue más que acertada. Revisar el mobiliario, huelga decirlo, era inevitable: la fachada exterior, las máquinas de expreso, las vitrinas de la panadería: en un momento, recordé a mi "Las Violetas" particular, "El imperio de la pizza", bar-pizzería ubicada en la esquina de Corriente y Lacroze, enfrente de la estación Federico Lacroze del Urquiza. Más allá de constituir la más exquisita pizza de Buenos Aires, las meriendas suelen estar constituidas desde hace mucho tiempo por quien les habla por café con leche servido en jarra, esto es: dos jarras, una de café, otra de leche, y el ozo que pregunta o avisa "decime hasta donde"; luego, una tarteleta de coco suele acompañar tal disfrute, Eso me acordé en "Las Violetas", de otro café, por eso es tan recomendable.

Debo el título de la entrada a una charla mantenida con Monsieur Crasci y Monsiuer Trakinas en la librería Cúspide del centro, la que está sobre Av. Corrientes, cerca del obelisco. A ellos dos, y a Mlle. Cutowski, dedicada esta entrada y el guiño a Alcides. Y la melancolía, claro, sea esta del siglo que más os apetezca.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Ácido y arena

La lluvia: paisaje predilecto de cualquier merienda. Inclusive si nos encontramos empapados y sostenemos temblorosamente con una sola mano el paraguas sigue siendo disfrutable el cruzar el umbral de una cafetería para sumergirse en líquidos más amables (aunque: ¿cuántos de nosotros no han recibido en pleno rostro una "lluvia amable"? ¿Quién no recuerda el capítulo de Crónicas marcianas llamado "Vendrán lluvias suaves"?). En pleno aguacero, recorriendo las calles con un pequeño libro bajo el saco, llegamos a los húmedos fondos de Belgrano, cerca del queridísimo Barrio Chino (la variedad de tés que encontramos en estos lugares es sorprendente; sumo a eso la numerosa existencia de chocolaterias especializadas). ¿Dónde estamos? Arcos 1717, espacio en donde se ubica la cafetería y casa de té Retamas. Luego de observar con detenimiento el mobiliario y su decoración -ya desde afuera nos podemos percatar que la especialidad aquí es la infusión antes que el expresso-, procedimos a sentarnos y revisr la carta. La variedad de comida y bebida nos arroja un resultado a tener en cuenta de aquí en más: amplia gama de sabores de tortas, variedad de bizcochos y galletitas -apenas entramos, nos topamos con varias bolsas de comida dulce de esta calaña destinada a la venta al público- café y té, pero un ofrecimiento lo suficientemente medido como para que todo entre en un impreso bifaz plastificado.
La porción de torta es y no es cara: estamos hablando de $11 una porción y $8 media. Sin embargo, necesitabamos llenar el estómago: el precio correcto no coincidía con nuestra necesidad de algo un poco más sustancioso. Ordenamos el clásico café con leche y pedimos que sea acompañado por unas tostadas de pan de cereal con queso blanco y el dulce casero... Ahora bien, en términos de dulce casero, teníamos tres variedades: mandarina, pomelo y manzana (¿la acidez y lo arenoso juntos?) y una tercera un tanto difusa y ya perdida en nuestra memoria. Accedimos a la segunda opción, y esperamos a ver los resultados.
¡Oh, la humanidad!: la porción seguía siendo menos de lo esperado, teníamos tres tostadas para untar el queso y la mermelada. Sabíamos que eso no iba a llenarnos, así que comenzamos a sorber el café con leche -espumoso, como corresponde- y probar con timidéz el dulce. ¡La alegría vuelve! El sabor de tal pieza culinaria era excelente: la mermelada se disfruta sola, los trozos de fruta dispersos dentro de la jalea hacían las veces de sólido alimento y terminamos la velada muy conformes, leyendo revistas del año pasado y mezclando todo con cuentos de escritores surcoreanos... ¿De qué otra manera se puede disfrutar de esta lluvia?

La transacción final es clara: con $14 disfrutamos de un excelente desayuno (sí: esta vez no fue merienda) en un lugar ameno, ubicado justo al lado de la ferretería de confianza del barrio. Nuevamente, la mezcla dignifica, y quizás en el negocio dedicado al rubro de lo mecánico encontremos algún que otro robot que pueda cumplir en nuestra ausencia los quehaceres domésticos.
Justificar a ambos lados
El fisgón de la mediatarde -¿O media mañana?-.

Por ahora: condenados a la falta de imágenes. ¡Larga vida a la descripción! (bah: no siempre).

jueves, 20 de agosto de 2009

Latakia: de Inglaterra a Holanda en un suspiro



Es sabido por muchos que el café suele estar acompañado por diversos tipos de vicios hermanos. Al sagrado café uno no puede dejar de relacionarlo con el actualmente incomprendido tabaco, gloria de las glorias, aquel que consumido con prudencia (la madre de todas las virtudes) nos deja la satisfacción de tener el único contacto espiritual valedero: el del humo, modelo material para nuestra actual confianza en el alma. Y quizás por eso, entre el alma y el ojo -otras de las necesarias vinculaciones con la espiritualidad: lo que no se puede ver es lo esencial, como decía aquel psicótico hombrecito de pelo rubio que atemoriza a los aviadores perdidos-, encontrábame yo por las pobladas calles del microcentro revisando mis anteojos y preguntandole a un joven doctor -un eufemismo- sobre las posibilidades de renovar los espejuelos de este marco ocular que la divinidad ha elegido como fundamental para mi aspecto visual desde principios de este año. Frente a la negativa -cierta "juventud" me haría acreedor del beneficio de la duda-, decidí dedicarme a pasear por la atribulada ciudad para ver que café podía hallar y reseñar para esta ocasión.

Desde Uruguay y Rivadavia, yendo para Corrientes, se encuentran varios negocios de venta de plástico y estructuras publicitarias construídas con el ya mecnionado material. Entre estas montañas transparentes de PVC y demás materiales, encontré algunas cafeterías típicas de microcentro, y no me refiero a los lugares "paquetes" que inundan nuestros sueños de provincianos, sino a las porteñas cafeterías que, ellas sí, y con mayor consistencia, hacen al imaginario popular de lo que es un café con todas las de la ley. Al lado de uno de esos cafés, el acompañante perfecto: el negocio se llama Hermes, y desde 1926 se dedica a la venta de tabaco preparado en el lugar, o sea, artesanalmente. La dirección de la página web es www.hermestabacos.com.ar , y el lugar esta geográficamente ubicado en Uruguay 48. Dentro de la amplia variedad de tabacos a consumir en diversos formatos, opté por uno para pipa propio del lugar ($22 los 100 grms), el número 14: Latakia (de gusto salado, turco, fumado generalmente por el paladar inglés) y Chocolate (uno dulce, claro, apto para paladares "hoandeses"). De paso, también incurrí en la compra de dos pequeños habanos de $6.50 cada uno. El lugar es realmente tentador para una billetera con el (claramente escaso) sueldo de quien os habla, sin embargo por solo $40 uno se puede llevar una provisión que tranquilamente puede durar su muy largo tiempo. Accesorios, tabacos, recomendaciones: el luagr es excelente, más que recomendable.



Con respecto al café con leche, lo consumí en uno de los bares, esta vez en Talcahuano 95, Quimera Bar. El café con leche estuvo bien, a un precio razonable, barato para el lugar en donde nos encontrábamos ($6.50): una variación de facturas poco común -sí: crema pastelera-, la misma satisfacción de tener un buen tabaco en la mochila y un libro entre las manos.

Sumamos, así, otro de los mejores complementos para el café con leche del señor y la señora: el tabaco. Esperamos agasajarlos con otra recomendación la semana que viene.

-fotos en breve-

El fisgón de la mediatarde.

jueves, 6 de agosto de 2009

Las letras en el fondo de las tazas



¡Oh, la crueldad! ¿Cómo vivir con ella, en ella, desde ella, como si fuera un cristo pagano que nos invita a la comunión del desastre, la sangre, los palos en los ojos (no me refiero al ano solar batailleano, de más está decirlo), el cáncer (enfermedad del silencio: en voz baja y parca hablamos de nuestros tumores), los amigos paralíticos que se descubren -de un día para el otro- aficionados al dibjo, etc.? La vida no es más que un remiendo a esta crueldad innata de la cual nada nos puede salvar, y el sutil encuentro con la genial película de Takeshi Kitano -"Flores de fuego"- en el excelente ciclo de cine japones llevado adelante por la sala del Teatro San Martín -portadora del nombre de ese cruel poeta modernista (sí: Leopoldo Lugones)- invitaba a un azucarado momento antes de incurrir en el cruel vicio de la crueldad... Como las galletas de canela, por más que uno le ponga almendras, seguirán siempre sabiendo más a canela que a la noble fruta (aquí pueden ver las pruebas, sino: muy recomendable receta, la he llevado a cabo para mis cotidianas meriendas).



¿Quién iba a decir que el café ubicado cerca de la esquina de Corrientes y Montevideo, aquel del ingenioso título La nueva martona, iba a ofrecer tan intrigante menu merienderil (neologismo que impondremos a fuerza de repetirlo)? Con escasos $11, hemos disfrutado de un café con leche de notables proporciones -bah, las normales-, un vaso de soda que podía ser cambiado por uno de agua, y dos panqueques con dulce de leche. Exquisito: la señorita Belena Rafaelovna Cutowski, visitante de estos lares, proveniente de estepas harto más crueles -en sintonía con la película que estabamos a punto de ver-, habiendo bebido un contundente vaso de jugo de naranja recién expreimido, no pudo menos que ruborizarse ante tal sabor. Ampliamente recomendable, entonces, este menú: un café con leche, un vaso de soda, dos panqueques con dulce de leche que rinden para dos personas tranquilamente y un vaso de jugo de naranja recién exprimido. Total de la operación: $20 (sí, amigos matemáticos: el jugo salió $9... No es el mejor precio, pero se amortiza con la otra merienda).


Luego de que la Srta. Cutowski haya visitado el cuarto de baños femeninos, me dispuse a entretenerme con la arquitectura del espacio: habiendo merendado en la barra, la cual ocupa la mayor parte del establecimiento, y divirtiéndome con esos espejos que harían las delicias de ciertos escritores ciegos, noté conmovido que debajo demi taza había una inmensa letra M. Obsesionado por el detalle, no pude menos de observarlo con cautela: el mozo, atento, me indicó que esa M servía par aidentificar las tazas pertenecientes al establecimeinto, ya que muchos locales de la zona piden cafés para llevar de diferentes cafeterías de la zona, y teniendo la misma vajilla, se hace muy complicado identificar luego cuál le corresponde a cada uno. Encantado por el dato proporcionado, pasé a esperar a la Srta. para luego dirigirme al cine... ¡Oh, la crueldad, matizada ahora por el excéntrico detalle de una gigantesca M debajo de las tazas, los platos, los vasos de este nuevo y poco amable mundo!

El fisgón jugando a Borges: espejos, azúcar, fotogafía.

El fisgón de Mediatarde

martes, 4 de agosto de 2009

De los tres votos a los alfajores: el corte epistemológico esperado.

Señores y señoras, señoritas también, desde ya: en una votación de parejos resultados, hemos decidido ejercer nuestro derecho soberano a la elección y establecer como día de renovación de publicaciones los jueves. Mcuhísimas gracias a los tres lectores de este blog que han colaborado con tan importante decisión: este jueves, entonces, el primer bar visitado en el año 2009.

Por otro lado, he incluído el primer link que sigue nuestra línea de interés: a visitar el blog de los alfajores, nomás.

Dios, tantas cosas en este mundo de anárquicas multiplicidades, zorras y erizos...

El fisgón de Mediatarde

viernes, 17 de julio de 2009

El regreso cruel


Gente: después de mucho tiempo, he decidido volver a los pagos de este noble blog para ver si, con cierta constancia, puedo convertir el otrora breve proyecto en la "gran idea" que creí haber tenido en su momento (gran contradicción: yo con una gran idea, dios nos libre). Me pareció interesante plantear algún día fijo de renovación del contenido, como tantos y tantos blogs lo hacen a los fines de mantenerse al día, aunque desde ya agrego que costará mucho mantener la sagrada constancia en el territorio de lo fluído por excelencia.

¿No sería interesante ver qué día les parece el mejor para que renueve los artículos de este siniestro lugar? A mí me parece, qué se yo, intrigante como mínimo. Los dejo con la encuesta, así de paso veo a cuanta gente realmente le interesa este pequeño quiosquito virtual del café con leche, bebida por excelencia de nuestros tiempos sin dios.

Un saludo muy grande a todos,

El fisgón de Mediatarde -tal el nombre en homenaje a los cronistas españoles del siglo XIX, realmente encantadores por donde se los mire-.

jueves, 14 de febrero de 2008

"La educación sentimental", de Gustave Flaubert.


Abajo, en una salida, servían tazas de café con leche. Algunos curiosos se sentaban bromeando a las mesas; otros se mantenían de pie, entre ellos un cochero de coche de alquiler. Tomó con ambas manos un tarro de azúcar molida, lanzó una mirada inquieta a derecha e izquierda y comenzó a comer vorazmente con la nariz hundida en el gollete del tarro.

FLAUBERT, Gustave. La educación sentimental, t. II. Buenos Aires: Ed. Losada, 1980. P. 10